Unos sostienen que solo se trata de entretenimiento, un pasatiempo que, además, resta tiempo de otras actividades más importantes; otros creen que se trata de una forma diferente de educar, con un potencial sin precedentes del que solo se ha visto la punta del iceberg.

Hoy hablamos sobre videojuegos, de sus pros y contras en relación a su aplicación educativa, de su evolución y sus posibilidades, de su salida profesional, de lo que puede provocar su abuso, y sobre cuál es el futuro papel que jugará en las aulas.

Para ello, hemos entrevistado a Jorge Echeverría, director del Grado de Videojuegos de la Universidad San Jorge; a Adrián Gimeno, director gerente del Instituto Aragónes de la Juventud, y a Mª Concepción Ibañez, presidenta de FECAPA Aragón.

Los videojuegos como herramienta educativa

La industria del videojuego está en alza, de eso no hay ninguna duda. Es extraño no cruzarse con alguna publicación en redes sociales que hable sobre videojuegos como ‘Fortnite’ o Call of Duty, haber oído hablar de El Rubius o Vegeta777, o ver como trending topic hilos relacionados con las consolas de última generación. Los videojuegos se han convertido en una parte importante de la cultura juvenil y, por qué no decirlo, de la cultura general. Su carácter transversal hacia todo tipo de soportes digitales hace que estén presentes en redes sociales, podcast, programas de televisión, teléfonos móviles, e incluso cuentan con su propia plataforma de streaming, Twitch, que cuenta con millones de usuarios cada día. Ya no son solo un simple pasatiempo, la era digital han transformado la industria del videojuego para llevarlos fuera de la parcela del entretenimiento e introducirlos en otros ámbitos como el empresarial, de la formación, e incluso de la educación.

Atendiendo a los datos de la última edición del Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos, publicado recientemente por la Asociación Española de Empresas Productoras y Desarrolladoras de Videojuegos (DEV), se estima que las empresas españolas podrían haber generado en 2020 un volumen negocio de alrededor de 1.104 millones de euros, un 20% más de lo facturado en el año anterior. Los datos son un proyección, pues el informe refleja cifras del año pasado en comparación con las de 2019, ejercicio en el que se generaron 920 millones de euros, un 13% de crecimiento interanual. Un mercado en crecimiento lleno de posibilidades que está llamado a revolucionar la forma de trabajar y educar.

En este último ámbito, el de la educación, los videojuegos ya han conseguido hacerse un hueco importante del mismo modo que, en su día, lo hizo el cine o las obras de arte. El grado de interactividad que ofrecen los videojuegos permite alcanzar grados de personalización e implicación que difícilmente podrían darse con otros elementos. Pongamos un ejemplo, Assassin’s Creed, una de las franquicias más exitosas del mundo del entretenimiento digital, en la que encarnamos a diferentes asesinos en múltiples épocas históricas como la Antigua Grecia, el periodo de esplendor del Egipto de los faraones, o incluso la Francia revolucionaria, siempre ha destacado por su riqueza en la recreación de hechos históricos y su nivel de detalle en la representación de lugares de épocas pasadas. El problema era que su carácter de acción y aventura era una barrera para que el videojuego pudiera ser utilizado en un aula.

Un gran número de docentes pidió a la desarrolladora, Ubisoft, una herramienta adaptada para ellos con la que poder aprovechar ese potencial educativo que caracterizaba a todos los juegos de la saga. Pues bien, la empresa respondió creando Discovery Tour, una experiencia adaptada en la que plasmaban los mapas de sus videojuegos ampliando toda esa información histórica. Hay dos modalidades actualmente, una del Antiguo Egipto y otra de la Grecia clásica, y en ambas puedes llevar a diferentes personajes históricos en diferentes tours basados en arquitectura, forma de vida, población, etc. Puedes ver un tráiler aquí mismo, merece la pena.

Es solo un ejemplo de cómo los videojuegos pueden sumar a la experiencia educativa y despertar parcelas de interés en los estudiantes que de otro modo podría ser más complicado. Es innegable que la tecnología y los productos de entretenimiento digital están a la orden del día, que las generaciones venideras serán nativas digitales acostumbradas al manejo de cualquier dispositivo, y que las metodologías de aprendizaje están cambiando en favor de estas prácticas. La cuestión no está en si estás a favor o no de los videojuegos como herramienta educativa, está en cuál es la mejor manera de aprovechar su potencial, pues los videojuegos ya forman parte de nuestra vida.

Beneficios de los videojuegos

Son muchos los estudios que avalan los videojuegos como forma de desarrollo de diferentes habilidades cognitivas, hábitos de trabajo individual y en equipo, o la coordinación y la motricidad, pero vamos a ahondar un poco más en la cuestión:

Memoria: los videojuegos son grandes potenciadores de la memoria. La Revista de Psicología Experimental, en uno de sus estudios, quiso medir la relación entre los videojuegos y la memoria funcional. Para ello, seleccionó a dos grupos participantes y puso a jugar a uno de ellos a un videojuego de acción y al otro a un videojuego de simulación de vida. Midieron los resultados durante 30 días y las conclusiones fueron que los videojuegos de acción parecían estimular más la memoria funcional visual más que otras actividades.

Además, ha quedado demostrado que jugar a videojuegos en 3D incrementa las capacidades de la memoria más que los de 2D, concretamente un 12% más.

Atención: es curioso, hay una creencia generalizada sobre los videojuegos que afirma que reducen la capacidad de atención, y resulta que es todo lo contrario. El género FPS (de las siglas en inglés First Person Shoter, o juego de disparos en primera persona) potencia la atención visual y ayuda a focalizar la atención en lo relevante frente a una gran cantidad de estímulos.

Habilidades espacio-visuales: volviendo a los FPS, este tipo de videojuego potencia las habilidades espacio-visuales, muy útiles para el desarrollo de profesiones como ingenierías, arquitectura y diseño. Además, este tipo de juegos, como Call of Duty o Fortnite, mejoran el pensamiento rápido y los reflejos.

Habilidades sociales y comunicativas: otra de las grandes mentiras respecto a los videojuegos es que tienden a provocar el aislamiento de jugadores, y esto no es cierto si son bien utilizados. Los videojuegos en la actualidad tienen un alto componente social y cooperativo, además de dinámicas que recompensan el trabajo en equipo, siempre y cuando hablemos de videojuegos con modo multijugador y que requieran la comunicación de los jugadores para alcanzar un objetivo. Si bien es cierto que largos periodos de juego de modo continuado a lo largo de los días puede provocar el efecto contrario.

Desarrollo cerebral: los videojuegos ayudan al desarrollo cerebral y la disminución del desgaste de las capacidades mentales en la edad adulta. Ha quedado demostrado que jugar al clásico videojuego Tetris, por poner un ejemplo, 3 minutos al día durante 3 meses, aumenta el tamaño de la corteza cerebral.

Mejora el rendimiento de los estudiantes: un estudio publicado en la revista International Journal of Communication, que pretendía analizar el efecto positivo o negativo de estudiantes que juegan a videojuegos y usan redes sociales en relación a su rendimiento académico, arrojó interesantes resultados. Los estudiantes que utilizaban redes sociales a diario obtenían 20 puntos menos en sus calificaciones que los que hacían poco o ningún uso de ellas. Sin embargo, los que jugaban online a determinados videojuegos tenían mejor comprensión lectora y mejores notas en matemáticas y ciencias sociales.

Por supuesto, estos beneficios vienen dados de un uso moderado de los videojuegos, pues un abuso de los mismos puede provocar problemas muy graves.

Abuso de los videjuegos

La otra cara de los videojuegos viene dada por un uso descontrolado y por no supervisar la actividad cuando los jugadores son menores de edad. Es muy común encontrarse con los siguientes problemas:

Disminución de la capacidad de socialización: como ya hemos dicho, los videojuegos pueden ser un gran potenciador de habilidades sociales y comunicativas si se usan con moderación, así lo demuestra un estudio publicado en la revista Annals of Neurology. Pero el mismo estudio recoge también que más 9 horas semanales del uso de videojuegos en niños de 7 a 11 años puede provocar problemas de conducta, aislamiento y habilidades prosociales.

Conductas violentas: si bien es cierto que no hay evidencia científica suficiente de la relación del abuso de los videojuegos de carácter violento con conductas violentas, sí que se percibe un vínculo entre los videojuegos violentos y los “resultados agresivos, como gritar y empujar”, tal y como afirma la Asociación Americana de Psicología.

En este caso, la responsabilidad recae en los padres, pues todos deberían preocuparse de los videojuegos a los que juegan sus hijos. Del mismo modo que ocurre con las películas, los videojuegos cuentan con un sistema de calificación por edades que se ha de tener en cuenta. Si no dejamos que nuestros hijos de 10 años vean una película calificada para mayores de 18, ¿por qué a la hora de comprar un videojuego debería ser distintio?

Adicción: la adicción a los videojuegos es un problema muy serio que se está dando en edades cada vez más tempranas. La adicción, normalmente, es causa derivada de otros problemas familiares, de afecto, atención, o incluso depresión. Al completar ciertas tareas u objetivos, los videojuegos dan una sensación de recompensa que, quizá, la persona no se ve capaz de conseguir en otros aspectos de su vida. Mucho cuidado cuando una persona presenta cuadros en los que no jugar a videojuegos les provoca ansiedad o trastornos de conducta. Sin ir más lejos, la Orgnización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en 2019 en el que catalogaba el abuso de los videojuegos como un trastorno.

Por poner un ejemplo, en 2018 apareció una noticia que comenzó a alertar sobre el problema y que, por desgracia, van en aumento. Una niña de 9 años tuvo que entrar en rehabilitación por su adicción al juego de moda entre los jóvenes, Fortnite, porque jugaba más de 10 horas diarias, llegando a hacerse pis encima por no dejar de jugar. Podéis leerlo aquí.

Hemos hablado con diferentes profesionales para que nos den su visión sobre el papel de los videojuegos en la educación y sobre cómo influyen en los jóvenes.

Videojuegos sí, pero con moderación

Las posturas y los datos están claros, los videojuegos pueden ser un gran aliado para la educación y el desarrollo de los más jóvenes, pero con moderación. Es necesario un estricto control por parte de los padres para que esa afición, tan sana como otra cualquiera, no derive en problemas muy graves.

En vez de mirar hacia otro lado y dejar que los niños tomen las riendas de lo que juegan, impliquémonos en encauzar esa afición en algo positivo, seamos partícipes de los videojuegos y conozcamos ese gran mundo de posibilidades que puede ofrecernos.

Podéis echar un vistazo a nuestro blog para estar al tanto de las últimas novedades en materia de educación, o podéis leer el último artículo de Miguel Ángel Heredia, director general de Grupo Piquer.

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